
El cuerpo del deseo
Del 23 de mayo al 30 de junio de 2002 en la galería Helga de Alvear de Madrid.
Treinta años de trabajo han convertido a Helena Almeida (Lisboa, 1934) en uno de los valores más seguros del arte portugués contemporáneo. Sus obras no pasan inadvertidas, siempre inidentificables por su hibridación entre el body art, la performance, el conceptualismo, la fotografía y la pintura. Sus series pueden parecer adscritas a todas estas tendencias, pero en realidad no son ninguna de ellas plenamente, sino que, en definitiva, se convierten en una original propuesta de comunicación artística.
Tras sus estudios en la Escuela de Bellas Artes lisboeta, en 1964 viaja a París, donde comenzará a interesarse por la abstracción y la representación volumétrica, siendo este el primer paso para conseguir acercarse a las corrientes conceptualistas, actitud básica para la forma individual de expresión que ahora reconocemos. La mezcla técnica entre lo fotográfico y lo pictórico, con su propio cuerpo como motivo central, son el modo de Almeida de conseguir ese punto de reflexión ante la realidad o virtualidad del espacio, ante la noción de modelo y de lo que está representado.
Es por ello que su cuerpo se convierte, de este modo, en objeto y sujeto al mismo tiempo, sin ser body art ya que no es una exaltación de su condición física sino una exploración de su subjetividad. Tampoco es una performance, sus series no reflejan el proceso de una acción sino todo lo contrario. Lo que importa es el resultado final que la artista ha concebido y que en ningún momento tiene carácter efímero.
Sus autorretratos fotográficos en blanco y negro son siempre transformados por pinceladas de colores puros azul símbolo de espacio, blanco de purificación, negro de densidad o rojo de drama y composición- o líneas dibujadas. De esta forma, dejan igualmente de ser fotos, ya que son estas intervenciones las que completan la obra, dándoles una cualidad pictórica ineludible, y al mismo tiempo las que confieren a la imagen una poética y narratividad determinada, no conferida si no en lo que capta el objetivo de la cámara.
La galería madrileña Helga de Alvear presenta dos de sus últimas series: Seduzir, 2002, y Dentro de Mim, 1998. En ellas deja atrás sus "pinturas deshabitadas" de la década de los setenta, para remarcar la existencia de su propio cuerpo a través de los trazos rojos, que en un caso quieren captar y seducir la atención del espectador por medio de la representación de sus manos y pies, y en el otro los movimientos circulares de sus piernas recrean un círculo interior infinito.

Las últimas series de Helena Almeida en la galería Helga de Alvear muestran su faceta más seductora
Helena Almeida
Seduzir, 2002
Del 23 de mayo al 30 de junio de 2002 en la galería Helga de Alvear de Madrid.
"Helena Almeida". Madrid, hasta el 30/06/02
GALERÍA HELGA DE ALVEAR
C/ Doctor Fourquet, 12
Madrid (España)
GALERÍA HELGA DE ALVEAR
C/ Doctor Fourquet, 12Madrid (España)
Treinta años de trabajo han convertido a Helena Almeida (Lisboa, 1934) en uno de los valores más seguros del arte portugués contemporáneo. Sus obras no pasan inadvertidas, siempre inidentificables por su hibridación entre el body art, la performance, el conceptualismo, la fotografía y la pintura. Sus series pueden parecer adscritas a todas estas tendencias, pero en realidad no son ninguna de ellas plenamente, sino que, en definitiva, se convierten en una original propuesta de comunicación artística.
Tras sus estudios en la Escuela de Bellas Artes lisboeta, en 1964 viaja a París, donde comenzará a interesarse por la abstracción y la representación volumétrica, siendo este el primer paso para conseguir acercarse a las corrientes conceptualistas, actitud básica para la forma individual de expresión que ahora reconocemos. La mezcla técnica entre lo fotográfico y lo pictórico, con su propio cuerpo como motivo central, son el modo de Almeida de conseguir ese punto de reflexión ante la realidad o virtualidad del espacio, ante la noción de modelo y de lo que está representado.
Es por ello que su cuerpo se convierte, de este modo, en objeto y sujeto al mismo tiempo, sin ser body art ya que no es una exaltación de su condición física sino una exploración de su subjetividad. Tampoco es una performance, sus series no reflejan el proceso de una acción sino todo lo contrario. Lo que importa es el resultado final que la artista ha concebido y que en ningún momento tiene carácter efímero.
Sus autorretratos fotográficos en blanco y negro son siempre transformados por pinceladas de colores puros azul símbolo de espacio, blanco de purificación, negro de densidad o rojo de drama y composición- o líneas dibujadas. De esta forma, dejan igualmente de ser fotos, ya que son estas intervenciones las que completan la obra, dándoles una cualidad pictórica ineludible, y al mismo tiempo las que confieren a la imagen una poética y narratividad determinada, no conferida si no en lo que capta el objetivo de la cámara.
La galería madrileña Helga de Alvear presenta dos de sus últimas series: Seduzir, 2002, y Dentro de Mim, 1998. En ellas deja atrás sus "pinturas deshabitadas" de la década de los setenta, para remarcar la existencia de su propio cuerpo a través de los trazos rojos, que en un caso quieren captar y seducir la atención del espectador por medio de la representación de sus manos y pies, y en el otro los movimientos circulares de sus piernas recrean un círculo interior infinito.


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