
Un recorrido por la exposición del Museo del Prado, estrella de este otoño
Francisco de Goya, La merienda, 1776, Museo Nacional del Prado, Madrid
Del 30 de octubre de 2001 al 10 de febrero de 2002 en el Museo Nacional del Prado de Madrid.
Patrocinador: Fundación Caja Madrid.
Del 10 de marzo al 2 de junio de 2002 en la National Gallery of Art de Washington.
Francisco de Goya y Lucientes, además de un magnífico pintor y grabador se desvela a través de sus obras como un finísimo conocedor de la psique humana. Esta cualidad hace que las mujeres que pasaron por su vida y por sus lienzos y papeles aparezcan dotadas de una sensibilidad extrema y un gesto exquisito a veces o con toda la crudeza y desprecio. Imágenes femeninas que aportan luz tanto a la producción del artista como a la figura de la mujer en una sociedad que transitaba del siglo XVIII al XIX, al mismo tiempo que abren multitud de incógnitas sobre su vida personal.
Bajo la dirección de Francisco Calvo Serraller, la Fundación Amigos del Museo del Prado organiza, con motivo de su 20 Aniversario, esta exposición que se convierte en un recorrido por las diferentes formas que Goya tuvo de ver a la mujer: La mujer es para Goya diosa y bruja, pecadora y santa, amante y alcahueta, trabajadora y aristócrata, luchadora y víctima, misteriosa y enigmática, tierna y maternal, codiciosa y, en caso de necesidad, dura como el hombre - Oto Bihalji-Merin.
A través de citas de los especialistas participantes en el catálogo, te damos las pistas para desentrañar el hilo que va guiando el sentimiento de Goya, apoyadas en las reproducciones de las piezas presentes más impactantes, convirtiéndose en un viaje por la belleza y por el horror en el siglo de las luces: Las mujeres de Goya son mujeres de su tiempo en tanto en cuanto reflejan el discurso contemporáneo en la España del siglo XVIII, donde la instrucción femenina, el matrimonio, las modas, el lujo y hasta la prostitución eran temas muy discutidos en los círculos ilustrados y materia de extensos comentarios en la prensa.


1. Sucesos, lances, labores y costumbres
(Salas 16B, 18 y 19)
Desde las tareas cotidianas y entretenimientos hasta escenas de gran violencia. Los lienzos recogen los avatares de la vida del Madrid dieciochesco.
Las costumbre, los hábitos, los prejuicios aunque muy lentamente van cambiando. Y la presencia y la voz de las mujeres, frente al anterior silencio y enclaustramiento como ideal, se manifiesta en la propia vida cotidiana - Carmen Iglesias.

... un correlativo mayor protagonismo de la mujer ... se fue gestando a la sombra creciente de la importancia de las ciudades, pero, sobre todo por el uso social de éstas como plataformas de una sociabilidad pública Francisco Calvo Serraller.
vemos, en efecto, mujeres de todas las edades, condiciones, profesiones. Las vemos trabajar, divertirse, combatir, soñar, gozar y sufrir. Las vemos engañar, engañarse y ser engañadas. F.C.S.

... además de las labores, juegos y costumbres, nos vamos encontrando con lances cada vez más dramatizados, como los accidentes, a veces jocosos, y otras, trágicos, así como con una visión cada vez más crítica de la sociedad F.C.S.

... las terribles escenas de bandidaje, canibalismo y guerra, en las que la mujer es objeto de una inusitada violencia, que incluye la violación y el asesinato. (...) En el Goya último, más visionario, aumenta la ansiedad y la desconfianza en el género humano, hombres y mujeres, aunque, naturalmente, en relación con estas últimas, no puede evitar proyectar sus fantasmas masculinos, los de su tradición cultural, su agitada época y su no menos agitado país. F.C.S.


2. Intimidades
(Salas 20 y 21)
Las mujeres que le rodearon y formaron parte de su vida. Conocidas, admiradas o amadas nos cuentan en sus retratos algo más del artista como hombre.
... la revalorización afectiva y moral del núcleo familiar y de la vida privada e íntima, estimó que los papeles de esposas y madres tenían una dignidad superior que había que cultivar... C.I.

... las trató de manera diferente: a Josefa Bayeu, con una llaneza familiar, no exenta de protectora superioridad, un poco a la antigua usanza, mientras que con Leocadia, como lo prueban muchos testimonios directos e indirectos, se empleó más de igual a igual F.C.S.

... me dedique a pintar un juego de quadros de gabinete, en que he logrado hacer observaciones a que regularmente no dan lugar las obras encargadas, y en que el capricho y la invención no tienen ensanches - Francisco de Goya.

... el resquemor o el resentimiento que, sin duda, afectó a Goya durante y tras su estancia en Sanlúcar, no es tanto, o, mejor, no es sólo el dolor o la rabia por un desengaño amoroso, sino el choque entre dos mentalidades y dos formas antitéticas de entender la moral, los de la aristocracia y la burguesía. F.C.S.
3. Alegorías
(Salas 22 y 23)
Obras tanto religiosas como profanas que se convierten en nuevos símbolos de la ideología ilustrada a la que Goya se sintió ligado.

... Goya, en cuanto pudo, se desentendió de la pintura religiosa o la reinterpretó desde claves secularizadas. Con las imágenes alegóricas profanas, demostró su afinidad con quienes promovían su moderna simplificación e inteligibilidad, así como, en general, su renovación formal y temática F.C.S.

Por eso, sean el icono de vírgenes, santas, figuras mitológicas o de ideas, todas nos muestran mujeres, a veces, de escalofriante aspecto real. F.C.S.


4. Retratos
(Salas 38, 37 y 36)
La nueva sociedad de una aristocracia festiva y una burguesía pujante vio en Goya al retratista perfecto que plasmó con fidelidad física y psicológica a las mujeres de su tiempo.
Goya cimentó su prestigio y, sobre todo, su prosperidad, gracias a su habilidad como retratista, muy pronto apreciada por sus contemporáneos, que alababan su habilidad para lograr el parecido con el modelo y las prontas dotes del pintor para captar el rasgo o el ademán más característicos de quien posaba para él F.C.S.

Los retratos femeninos de Goya nunca parecen, en efecto, afectados, pero están siempre imbuidos de una gran dignidad, incluso cuando la retratada no posee títulos que intimiden F.C.S.

...las tertulias o salones, regentados generalmente por una dama de la alta sociedad. Este tipo de reunión estableció un espacio de sociabilidad donde personas de diferente condición social estamental, así como de diferente sexo, podían relacionarse en un marco de conversación, intercambio y juegos sociales. C.I.

Esta elite femenina no sólo es protagonista de una nueva civilidad en medio de la actividad de sus salones, sino que una parte de ellas impulsa un nuevo sentido moderno de asistencia (...) se trata de una asistencia y acción social que se ejerce institucionalmente, para mejorar y cambiar a largo plazo las condiciones de sectores de trabajadores y de grupos de necesitados, para contribuir a un Estado y a una sociedad más equilibrada, justa y feliz, según los ideales y programas de una mentalidad ilustrada y reformista C.I.
5. Embrujos y conjuros
(Salas 34 y 35)
El lado más oscuro y maligno de las supersticiones del pueblo que Goya recogió como denuncia ante la necedad y como espacio para sus monstruos particulares.
Finalmente, como antes se apuntó, también las vemos evolucionar en el mundo fantástico del pintor como meras proyecciones de sus deseos y ansiedades F.C.S.

Un signo precisamente del maleficio demoníaco que se creía ver en algunas mujeres acusadas de brujería era la rapidez e ingenio de su habla C.I.


6. Dibujos y estampas
(Sala 39)
La obra más libre y personal del artista, donde el mundo femenino se ve criticado o alabado. Un resumen de cómo Goya vivió y vio su época.
Caprichos
Feijoo se atreve a escribir lo que tan bien ilustrarían los Caprichos a final de la centuria: Quien quisiere hacer buenas á todas loas mujeres, convierta a todos los hombres J.T.

Goya indica claramente la profesión de esas mujeres por sus escotes, su mirar descarado y, sobre todo, sus acompañantes, hombres que las solicitan en transacciones observadas por celestinas con toquillas blancas J.T.
Dibujos
A lo largo de treinta años, los dibujos de Goya ofrecen variaciones sobre temas asociados a la mujer que expresan abiertamente el arrebato, el dolor, el amor maternal y a veces el odio J.T.

Desastres y disparates
Es un testigo que observa de cerca, desechando la vista panorámica, más comedida, de las Misères de la guerre de Jacques Callot, con las que a menudo se comparan los desastres. La violencia desfigura los rostros; no queda rastro de la belleza clásica; los cadáveres amontonados están contorsionados como muñecos de trapo; los cuerpos de las mujeres que ya no pueden luchar contra sus opresores se retuercen en su derrota Anna Reuter.

Trascendida la alegoría, las mujeres de los Disparates representan emociones que están más allá del rótulo y de la palabra, y con ello se aproximan a lo universal J.T.


Francisco de Goya, Manuela Goicoechea, 1805, Museo Nacional del Prado, Madrid

Francisco de Goya, Juana Galarza de Goicoechea, 1805, Museo Nacional del Prado, Madrid








