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Francisco de Goya, María Josefa de la Soledad, duquesa de Osuna, o La condesa de Benavente, 1785
Detalles de moda

Encajes, flores, cintas y joyas que adornan a las mujeres de Goya

Francisco de Goya, Josefa Bayeu (?), c.1814. Detalle de la manga



Un sombrero, una mantilla, la forma de coger un abanico o el resplandor de una joya son mucho más que adornos del vestuario femenino.
Reflejo de idearios sociológicos y políticos, Goya nos trae, gracias a la exposición Goya. La imagen de la mujer en el Museo Nacional del Prado, toda la belleza con que vestían las mujeres a las que retrato. La monarquía, la ilustración, la nueva burguesía y el majismo en detalles que ilustran la historia de la moda entre los siglos XVIII y XIX. Pequeñas obras en si mismas en las que la admirable pincelada del artista plasma con soltura la calidad de telas, pieles y aderezos.
Influencias de Francia e Inglaterra
Las dos potencias que se disputaban la hegemonía de Europa eran las que también dictaban las últimas propuestas de vestidos y adornos: Francia con Mª Antonieta primero y Josefina Bonaparte después, e Inglaterra, con aires campestres y bucólicos.
En España, toda su influencia en la alta sociedad vino canalizada a través de París, y al mismo tiempo reinterpretada por el gusto nacional.

María Josefa de la Soledad, duquesa de Osuna, o La condesa de Benavente, 1785.

Francisco de Goya, María Josefa de la Soledad, duquesa de Osuna, o La condesa de Benavente, 1785. Detalle del bordado de la faldaConsiderada una de las mujeres más elegantes de la época, reinterpreta un modelo creado para la reina Mª Antonieta de Francia, en el que destacan los adornos de encajes y flores sobre la seda azul.
La anglomanía de la década de los ochenta tiene una prenda protagonista: la robe à l´anglais, popularizada por Mª Antonienta y la duquesa de Devonshire, de formas más cómodas y con la muselina blanca como tejido por excelencia, técnica importada desde los talleres indios a Lancanshire.
Francisco de Goya, Los duques de Osuna y sus hijos, 1787-88
Los duques de Osuna y sus hijos, 1787-88.

Francisco de Goya, Los duques de Osuna y sus hijos, 1787-88. Detalle de los botones del traje de la duquesaMujer ilustrada, este retrato repleto de sencillez, recoge las modas inglesas, tanto en la composición como en la blanca robe à l´anglais de muselina (corpiño ceñido redondeado a la cadera y unido a la falda por detrás), cuyo único adorno son los botones esmaltados con escenas pictóricas.
Si hasta 1805 en las fiestas de la corte triunfaban los complicados patrones de la modista de la reina francesa, Rose Bertin, con faldas voluminosas, tontillos y tocados de pluma entre altos rizos, los nuevos aires políticos tienen a una nueva musa: Josefina Bonaparte. Trajes de talle alto con cola sobrepuesta, escotes y brazos al aire y peinados a la griega.
Francisco de Goya, La reina María Luisa en traje de corte, 1800-1801
La reina María Luisa en traje de corte, 1800-1801.

Francisco de Goya, La reina María Luisa en traje de corte, 1800-1801. Detalle de la Cruz Estrellada.En esta ocasión la soberana luce un traje probablemente regalado por Napoleón, diseñado por la célebre modista parisina Mme. Nanette, es ejemplo de las nuevas modas que venían de París, más sencillas en el corte, pero igualmente ricas en las telas, bordados y joyas, entre las que destaca la Cruz Estrellada, creada por ella misma.
Era un vestuario de mayor sencillez y ciertas reminiscencias clásicas. En plena efervescencia del Neoclasicismo a fines del XVIII, la recuperación de la Antigüedad, su arte y su cultura, tuvo seguidores incondicionales: gasas blancas con su inseparable chal que acompañaban los trajes sencillos y lisos.
Francisco de Goya, La marquesa de Santa Cruz, 1805
La marquesa de Santa Cruz, 1805.

Francisco de Goya, La marquesa de Santa Cruz, 1805. Detalle del corte del escote neoclásicoUno de los pocos modelos neoclásicos que encontramos en la pintura de Goya. Musa de la ilustración, sigue las modas arcaicistas, con una delicada túnica blanca y chal, junto adornos mitológicos en el tocado, que recuerdan a la Mme. Recamier de David o la Paolina Borghese de Canova.
Una tendencia que desde 1789, año de la Revolución Francesa, había comenzado buscando la simplicidad de cortes y tejidos. Aparece el abrigo y la pelisse o cabriolé, de seda, alta de cuello y entallada. Otra tendencia a la última: las mangas que se alargan hasta los dedos.
Francisco de Goya, Joven con abanico, 1806-07
Joven con abanico, 1806-07.

Francisco de Goya, Joven con abanico, 1806-07. Detalle del guanteLa protagonista lleva los brazos enfundados en mitones blancos, quizá de cabritilla, con lazos en el antebrazo y que cubren sus manos hasta el nacimiento de los dedos, tal y como dictaban los estilos del momento.
Francisco de Goya, Doña Antonia de Zárate, 1811
Doña Antonia de Zárate, 1811.

Francisco de Goya, Doña Antonia de Zárate, 1811. Detalle del tocadoRetrato de la actriz en el que luce un tocado sencillo y de inspiración oriental, una de las modas francesas del momento, además del abrigo, prenda que incorpora al vestuario femenino.
Francisco de Goya, Teresa Luisa de Sureda, c.1804-1806
Teresa Luisa de Sureda, c.1804-1806.

Francisco de Goya, Teresa Luisa de Sureda, c.1804-1806. Detalle del cabrioléVestida con la típica cabriolé en seda: traje cruzado de manga larga ceñida al puño, último grito en elegancia.
Todas estas influencias llegan a la península a través de las revistas, los figurines, e incluso de modistas extranjeras afincadas en la capital. Pero las españolas adaptan estos modelos al gusto nacional, no haciendo copias exactas sino interpretaciones en la que el las joyas y relumbre de los encajes de oro y plata serán las notas dominantes.
Francisco de Goya, Doña María Antonia Gonzaga, marquesa de Villafranca, 1795
Doña María Antonia Gonzaga, marquesa de Villafranca, 1795.

Francisco de Goya, Doña María Antonia Gonzaga, marquesa de Villafranca, 1795. Detalle del pendienteRetrato que resalta por su sencillez y carga de introspección psicológica. A pesar de los tonos grises y simplicidad del vestuario, destacan los adornos de lazos y el brillo del pendiente, joyas que la corte española apreciaba en cualquier momento.
Francisco de Goya, La marquesa de Pontejos, c.1786
La marquesa de Pontejos, c.1786.

Francisco de Goya, La marquesa de Pontejos, c.1786. Detalle de la faldaViste una versión personal de la polonesa francesa que mezcla con los adornos de flores y pamelas de inspiración inglesa.
El majismo
La maja, figura popular y descarada proveniente de Andalucía, era la imagen de la española por excelencia. Cargada de romanticismo, pictoricismo y un fuerte componente nacionalista hizo que su vestimenta tuviera adeptas en todas las clases sociales.
Francisco de Goya, El pelele, 1791-92
El pelele, 1791-92

Francisco de Goya, El pelele, 1791-92. Detalle de majaMujeres del pueblo vestidas como majas.
La chaquetilla sobre la falda hasta el tobillo y basquiña especia de sobrefalda -, que podía ir adornada con encajes, galones y volantes, permitía mostrar, con gran carga de coquetería, la media blanca y los zapatos bordados. El tocado se componía de redecilla, cofia de seda decorada con borlas o cintas, y a menudo velo o mantilla. Ya fuera negra o blanca, este complemento velaba con gracia y seducción la figura de la mujer, siendo todo un arte el saber lucirla.
Políticamente, además de la exaltación patria, se unieron dos factores para que la indumentaria del pueblo fuera motivo de debate. Por un lado, el proteccionismo alentó las producciones propias frente a las importaciones de modelos y tejidos, abogando por el uso del traje tradicional.
Francisco de Goya, Las lavanderas, 1779-80
Las lavanderas, 1779-80

Francisco de Goya, Las lavanderas, 1779-80. Detalle de maja dormidaIndumentaria de maja. Chaquetilla bordada con galones sobre camisa blanca, falda y basquiña azul de rayas.
Francisco de Goya, Los pobres en la fuente, 1786-87 Por otro, el debate sobre el lujo y las ideas de instrucción ilustradas, presente en toda Europa, también influyó en las costumbres y prendas que se usaban, prohibiéndose en determinadas épocas el uso de adornos o tejidos de lujo, faldas de color, etc. en busca de la imposición de un modelo único para todo el pueblo.
Francisco de Goya, La gallina ciega, 1788-1799
La gallina ciega, 1788-1799
Francisco de Goya, La gallina cienga, 1788-1799. Detalle de majaFrancisco de Goya, La gallina cienga, 1788-1799. Detalle de joven a la inglesa
Jóvenes aristócratas vestidos tanto como majas y majos como siguiendo las últimas modas inglesas y francesas.
Las damas de las clases sociales más favorecidas lucieron este atuendo tanto por su alto grado de seducción como por sus connotaciones políticas. Los ecos de la Revolución Francesa, que favorecieron las costumbres plebeyas, y la invasión de las tropas napoleónicas, a las que se respondió con la exaltación de símbolos autóctonos, hizo que damas como la duquesa de Alba, de Santiago y hasta la misma reina, se vistieran y retrataran como majas, se disfrazaran para fiestas de tal guisa, pero siempre aportando una mayor carga de riqueza en los materiales y adornos.
Francisco de Goya, Doña Antonia de Zárate, 1805-06
Doña Antonia de Zárate, 1805-06.

Francisco de Goya, Doña Antonia de Zárate, 1805-06. Detalle de la mantillaAunque el traje es de inspiración francesa, se adorna con mantilla negra de tul de seda negra de fina textura y bordado, se considera uno de los mejores ejemplos de esta prenda realizados por Goya.
Francisco de Goya, La marquesa de Santiago, 1804
La marquesa de Santiago, 1804. Francisco de Goya, La marquesa de Santiago, 1804. Detalle bordado de la mangaFrancisco de Goya, La marquesa de Santiago, 1804. Detalle de los zapatos

Además de adornos dorados en las mangas que enriquecen el vestuario de maja, totalmente en consonancia con el descaro que se atribuye en vida a la retratada, destacan las bailarinas planas de cabritilla en color coral, último modelo de calzado del momento. Su falta de belleza se esconde tras el uso de polvos de maquillaje blanco y grandes coloretes, puestos de moda por la reina María Luisa.
Francisco de Goya, La condesa de Fernán Núñez, 1803
La condesa de Fernán Núñez, 1803.

Francisco de Goya, La condesa de Fernán Núñez, 1803. Detalle del tocadoTocada con la clásica mantilla negra española, la acompaña con un lujoso y decorativo adorno en rojos y dorados.

Francisco de Goya, Juana Galarza de Goicochea, 1810. Detalle de la manga

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