
Nuevos iconos kitsch
Desde el 7 de septiembre hasta el 5 de diciembre de 2001, en la Tate Modern de Londres.
Un elefante, una Virgen fluorescente, ratones, mesas preparadas para cenar, o un corazón son los símbolos que la artista alemana Katharina Fritsch (Essen, 1956) utiliza en sus instalaciones. Son objetos y figuras que todos identificamos fácilmente pero abstraídas o tratadas en su escala o color se presentan al espectador como una nueva clave para cuestionar la realidad. Nuevas respuestas a situaciones e imágenes cotidianas que redefinen la función de la escultura contemporánea.
Formada en Dusseldorf con el escultor Fritz Schwegler, en 1995 participó en el pabellón alemán de la Bienal de Venecia junto a Thomas Ruff y Martín Honert, y es considerada como una de las revelaciones escultóricas de los últimos veinte años. El Museum of Modern Art de San Francisco, el ICA de Londres, la Fundación DIA de Nueva York, el Kunsthalle de Dusseldorf, o el MCA de Chicago han acogido sus obras. Ahora la Tate Modern realiza una retrospectiva que incluye 15 de sus instalaciones más grandiosas.
Las sensaciones que sus obras producen se han comparado con las magdalenas de Proust, destilan un aroma familiar y conocido para todos, basados en la mitología, la literatura o las tradiciones. Variando de escalas gigantes a pequeños objetos manufacturados, todos tienen en común una extraña simetría y geometría en su disposición que le da una apariencia surreal, como si fueran apariciones enigmáticas. Acompañado de un extremado realismo y cuidadísima confección, que a veces se tiñe de colores irreales, su visión choca al espectador. El paquidermo verde se presenta hierático en la sala, los ratones gigantes del cuento "El rey de las ratas" ocupan todo el espacio expositivo, las figuritas de las Vírgenes de Lourdes que brillan en la oscuridad como souvenirs del manantial, grandes campos de monedas o trigo con forma de corazón, sus últimas creaciones. Fetiches que se repiten de forma serial como si fueran freaks que viven en un mundo ordenado imposible de alterar. Una continúa reflexión sobre lo que percibimos, la apariencia, la individualidad y la originalidad que se convierten en nuevos símbolos de objetos de siempre.
Sencillez y buen hacer que acercan a veces sus obras al minimalismo, pero la reflexión sobre nuestro mundo desde un punto de vista alejado, presentado con apariencia extraña, la une a las últimas tendencias conceptuales, y que puede recordar en ocasiones a la obra del español Juan Muñoz.

Los recuerdos de nuestra vida en la clave de Katharina Fristch
Katharina Fritsch
El rey rata, 1993
Desde el 7 de septiembre hasta el 5 de diciembre de 2001, en la Tate Modern de Londres.
"Katharina Fritsch". Londres, hasta el 5/12/01
Londres
TATE MODERN
BanksideLondres
Un elefante, una Virgen fluorescente, ratones, mesas preparadas para cenar, o un corazón son los símbolos que la artista alemana Katharina Fritsch (Essen, 1956) utiliza en sus instalaciones. Son objetos y figuras que todos identificamos fácilmente pero abstraídas o tratadas en su escala o color se presentan al espectador como una nueva clave para cuestionar la realidad. Nuevas respuestas a situaciones e imágenes cotidianas que redefinen la función de la escultura contemporánea.
Formada en Dusseldorf con el escultor Fritz Schwegler, en 1995 participó en el pabellón alemán de la Bienal de Venecia junto a Thomas Ruff y Martín Honert, y es considerada como una de las revelaciones escultóricas de los últimos veinte años. El Museum of Modern Art de San Francisco, el ICA de Londres, la Fundación DIA de Nueva York, el Kunsthalle de Dusseldorf, o el MCA de Chicago han acogido sus obras. Ahora la Tate Modern realiza una retrospectiva que incluye 15 de sus instalaciones más grandiosas.
Las sensaciones que sus obras producen se han comparado con las magdalenas de Proust, destilan un aroma familiar y conocido para todos, basados en la mitología, la literatura o las tradiciones. Variando de escalas gigantes a pequeños objetos manufacturados, todos tienen en común una extraña simetría y geometría en su disposición que le da una apariencia surreal, como si fueran apariciones enigmáticas. Acompañado de un extremado realismo y cuidadísima confección, que a veces se tiñe de colores irreales, su visión choca al espectador. El paquidermo verde se presenta hierático en la sala, los ratones gigantes del cuento "El rey de las ratas" ocupan todo el espacio expositivo, las figuritas de las Vírgenes de Lourdes que brillan en la oscuridad como souvenirs del manantial, grandes campos de monedas o trigo con forma de corazón, sus últimas creaciones. Fetiches que se repiten de forma serial como si fueran freaks que viven en un mundo ordenado imposible de alterar. Una continúa reflexión sobre lo que percibimos, la apariencia, la individualidad y la originalidad que se convierten en nuevos símbolos de objetos de siempre.
Sencillez y buen hacer que acercan a veces sus obras al minimalismo, pero la reflexión sobre nuestro mundo desde un punto de vista alejado, presentado con apariencia extraña, la une a las últimas tendencias conceptuales, y que puede recordar en ocasiones a la obra del español Juan Muñoz.

Katharina Fritsch
Hearth of money, 1998-2000

Katharina Fritsch
Tischgesellschaft, 1988
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